Y es que 490 vehículos oficiales (15 millones de euros al año) de altos cargos socialistas dan para mucho. Empecemos:
- Bibiana Aído, con la que nadie quería trabajar, pues usaba sus coches oficiales para salir de copas por la zona de Huertas de Madrid, incluyendo el servicio esperarla hasta altas horas de la madrugada y recoger a sus amiguitas en sus domicilios.
- Teresa Fernández de la Vega obligaba a sus chóferes a ir a 190 Km/h, ya que suele llegar tarde a todos sitios, y de este acto delictivo sólo los chóferes eran responsables. A uno le quitaron 6 puntos en un viaje a Valencia y ella no hizo nada. Nunca se molestó siquiera en conocer sus nombres.
- Elena Salgado se pasaba el día enviando los coches a por bombones a Embassy, y aunque el actual chófer lo niega (el empleo es el empleo), en la famosa pastelería de La Castellana lo confirman. Ah, también va con su coche oficial a pilates o la peluquería, e incluso ha llegado a pedir un coche adicional para cargarlo de modelitos para aquella sesión de Vanity Fair. Menos mal que a esto los conductores se negaron.
- Pero, por lo visto, el colmo de la desfachatez en el mal uso del coche oficial lo ostenta el ex ministro de Trabajo y actual presidente de la Fundación Ideas, Jesús Caldera, cuya fama de tratar con la punta del pie a sus conductores es tal que llega incluso a comunicarse con ellos poniendo a sus escoltas como intermediarios, y es que dirigirle la palabra a los chóferes es cosa del vulgo… que no sólo de mujeres va ésto.
- Hay directoras generales que piden sillitas para acomodar a sus pequeños cuando sus chóferes los recojan de la guardería o del colegio, y hay una ministra que tiene un Peugeot oficial a disposición de su cocinera particular para que vaya a hacer la compra todos los días al mercado. Menos mal que Trinidad Jiménez es educada y no utiliza su vehículo oficial en fin de semana, González-Sinde parece que tampoco. En fin, ver para creer en tiempos de crisis… y a los funcionarios les bajan el sueldo…
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