Además, la Encarta venía con fotografías que siempre quedaban muy bien al imprimirlas, aunque en blanco y negro que en color valía una pasta, suponiendo que tu impresora fuera capaz de hacer reproducciones a color, con lo cuál la impresora te había quitado ya el riñón con el que después deberías pagar esos cartuchos de coloritos.
Pero llegó Internet. Y la Wikipedia. Y la Encarta murió: unos ejemplares quemados en un vertedero (mal, hay que llevar las cosas a un punto limpio), otros enterrados en trasteros como el mío.
Sin embargo, en el baúl de los recuerdos (y deshechos), la Encarta no vive sola. Tiene compañía de más CD's que ahora me pregunto porqué los guardé, quizás no pensé que la era digital corre como lo hace, que en un futuro, si tuviera que usar esos programas o juegos (me juego al 99'9% que no) los podría encontrar en la red. Pero es que también la acompañan algunas otras cositas, como un par de disqueteras, un lector (sí, lector, sólo lector) de CD's (sí, CD's, no DVD's), una grabadora de las primeras de DVD's (esta sí), o varios ejemplares dignos de museo de discos duros de.. ¡2 Gigas!. Este tiene una etiqueta que dice del 98. Pero bueno, sin alarmarse, también hay uno de 20 Gb y otro de 40 Gb... que en su momento era una barbaridad.
El caso es que parece que hablo de cuando Humpfrey Bogart se estrenó allá por Hollywood con el corto Brodway's likes that, pero no, ésto último fue en 1930 y todos esos ancestrales objetos tienen 10 años. Y es que la informática crece a un ritmo tan vertiginoso que cuesta adivinar qué será lo siguiente... porque lo último que ha salido ya está quedándose atrás.
Y sí, he vuelto a escribir algo. Será que hoy estoy menos vago.
Besos y abrazos
P.D.: Aprovecho para decir que si alguien necesita material antiguo (placas, tarjetas gráficas, cables IDE's, ventiladores...) pues por aquí tiene un montón...