jueves, 28 de enero de 2010

El teléfono funciona en dos direcciones

Sí, es la verdad. Aunque sea una metáfora, pero es así. Yo te puedo llamar a ti y tú también puedes llamarme a mí. Qué cosas estas tecnologías tan modernas, ¿verdad?

Es por eso que NO, no puedes mosquearte ni picarte conmigo porque no te he llamado apenas en tres semanas, desde que nos vimos después de Reyes, y, la verdad, echamos un buen rato, una copita y a casa.

Así que, joder, ahora el que se mosquea soy yo. ¿Qué pasa? ¿Perdiste mi número, quizás? Ya sé que no, así que no me vengas con cuentos chinos. No vale que te llame porque, mierda, ya va siendo hora de que charle un rato con un amigo, y me encuentre con esa hostilidad, misterio y pasotismo. Diría que te ha molestado, incluso. Y no se me ocurre pensar que, por suerte para ti, tú estás ocioso, con todo el tiempo libre del mundo. Vamos que tú si que podías llamar. Pero como yo no tampoco lo he hecho, no tengo ningún derecho a reclamarte nada. Así que no te lo atribuyas tú.

Sabes que va por ti, no te nombro, porque sigue siendo entre tú y yo y nadie más se va a enterar. Luego dirás que no te cuento cosas, pero con esos recibimientos no hay ganas, tío. Pero no me quedo aquí. Porque alguno o alguna más se dará por aludido/a. Y para cada un@: Ya sabes, es cierto que no te he llamado, y perdona, te aseguro que me gustaría tener más tiempo para tomarme una cerveza (bueno, si cola-cola para mí) contigo, a solas, y hablar de nuestras cosas, de cómo va y cómo vienen dadas. Pero no lo tengo para todo, por desgracia. Si me toca la lotería que nunca juego me dedicaré a ello. Y además invito.

Con las mismas, gracias a todos los que, aunque no nos veamos en mucho tiempo, e incluso hablemos menos, seguimos sabiendo dónde estamos, y que cada uno tiene su vida, pero me seguirá dando una enorme alegría veros y hablar con vosotr@s. Con la frecuencia que sea.
Porque el teléfono funciona en dos direcciones.

He dicho.

lunes, 25 de enero de 2010

El Holocausto

La cuestión judía, lo llamaban los alemanes de Hitler. Llevo un tiempo leyendo sobre la Segunda Guerra Mundial, poco a poco, y aprendiendo algo de la historia. Algo importante, a la vez que sobrecogedor, repugnante, interesante, historia para no olvidar y, sobretodo, jamás repetir. Todo junto.
Hoy he visto un capítulo de una serie, CSI, en su variante de Nueva York, que además es la preferida para mí (seguida de Miami, la original no me gusta), de nombre "Yahrzeit", y va sobre le holocausto, o más concretamente, de coger a un criminal Nazi, de las juventudes hitlerianas, que ayudaban a coger a los judíos que trataban de huir de su país, de su patria, de su hogar. Nunca un capítulo me ha gustado tanto y me ha resultado tan duro.
Si, me tocó la fibra y me emocionó recordar, con imágenes tan duras como reales fueron entre 1938 y 1943, con 6 millones de asesinados, donde sólo lograron sobrevivir 900.000.
Es duro, pero conveniente conocer la historia. Es duro, pero debemos recordar a las víctimas, y capítulos así ayudan a, en cierta forma, homenajear a aquellos que lucharon por ayudar a las víctimas. Es duro, pero más lo fue para los que tuvieron la desgracia de vivirlo, de sufrirlo, de ser humillados así.
Yahrzeit es como los judíos llaman al día en que conmemoran la muerte de un familiar.
Realmente no creo que este post tenga un final apropiado, así que quedará así, simplemente recordando a todas las víctimas. Que descansen en paz.

Besos y besas