Es por eso que NO, no puedes mosquearte ni picarte conmigo porque no te he llamado apenas en tres semanas, desde que nos vimos después de Reyes, y, la verdad, echamos un buen rato, una copita y a casa.
Así que, joder, ahora el que se mosquea soy yo. ¿Qué pasa? ¿Perdiste mi número, quizás? Ya sé que no, así que no me vengas con cuentos chinos. No vale que te llame porque, mierda, ya va siendo hora de que charle un rato con un amigo, y me encuentre con esa hostilidad, misterio y pasotismo. Diría que te ha molestado, incluso. Y no se me ocurre pensar que, por suerte para ti, tú estás ocioso, con todo el tiempo libre del mundo. Vamos que tú si que podías llamar. Pero como yo no tampoco lo he hecho, no tengo ningún derecho a reclamarte nada. Así que no te lo atribuyas tú.
Sabes que va por ti, no te nombro, porque sigue siendo entre tú y yo y nadie más se va a enterar. Luego dirás que no te cuento cosas, pero con esos recibimientos no hay ganas, tío. Pero no me quedo aquí. Porque alguno o alguna más se dará por aludido/a. Y para cada un@: Ya sabes, es cierto que no te he llamado, y perdona, te aseguro que me gustaría tener más tiempo para tomarme una cerveza (bueno, si cola-cola para mí) contigo, a solas, y hablar de nuestras cosas, de cómo va y cómo vienen dadas. Pero no lo tengo para todo, por desgracia. Si me toca la lotería que nunca juego me dedicaré a ello. Y además invito.
Con las mismas, gracias a todos los que, aunque no nos veamos en mucho tiempo, e incluso hablemos menos, seguimos sabiendo dónde estamos, y que cada uno tiene su vida, pero me seguirá dando una enorme alegría veros y hablar con vosotr@s. Con la frecuencia que sea.
Porque el teléfono funciona en dos direcciones.
He dicho.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario