martes, 29 de diciembre de 2009

Respira, es un rato de relajación

Agua corriendo por tu cuerpo. La temperatura aquí la pones tú. Estira un poco y salta. Enfúndate la cabeza, protege tus ojos, y empieza.
El ruido desaparece. Sólo hay que seguir la línea azul. Cada dos aire. Sólo el ruido que hacen las burbujas de tú CO2 en el medio acuoso. Llegas, tocas, media vuelta y a seguir tu camino. Cabeza abajo, ladea para sobrevivir al agua, para durante un instante volver al mundo real, ruido de salpicaduras, algún silbato y el vecino de calle. Vuelta a la tranquilidad, aunque sea por un instante, y aunque siga siendo interrumpida por el aire que expulso. Ahora sólo soy yo. Pero la monotonía hace mi cabeza impermeable a esa molestia. A esa y a cualquier otra. Stop. Para, coge aire, estira otro poco, relájate y vuelve al mundo submarino que, durante otro rato, vuelve a ser tuyo. Ya es mío.
Ahora ya me toca elegir. Puedo dejarme llevar, puedo pensar en el trabajo, puedo pensar en tí, o sólo en la línea azul que debo seguir hasta que se interrumpe transformándose en una T que me avisa que toca dar media vuelta. Y sigo pensando qué quiero en mi momento de relax. Para mi mente, mi cuerpo se ha vuelto una máquina metódica que sigue el mismo ritmo. Derecha, izquierda y respira, derecha y expulsa. Piernas que acompañan. Sólo es una esquina de mi papel en blanco, un proceso en background. Voy llenando el papel, hay sitio para todo, y un hueco para nada. Sitio para tí, para mi trabajo, mis problemas y mis dudas, y lo que yo quiera porque este rato es mio.
Así llego a 40 escribiendo todo esto en mi cabeza, para plasmarlo ahora aquí. Ahora toca velocidad, adiós relax, hasta mañana.


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