jueves, 20 de noviembre de 2008

Cuando ser monja es pecado

Sor Maravillas se ha quedado sin placa. Por ser monja, no por otra cosa. Y es lo que hay en este país de 'maravilla'. 

Esta monja, subida a los altares por el Papa Juan Pablo II, hizo mucho para el bien de los pobres. Hizo cosas buenas. Si, pero es monja. ¡Qué barbaridad, ponerle una placa a una monja! Que si se la ponían en el Congreso, es porque nació allí. En uno de sus edificios, que antes no era el congreso, claro. El Congredo, que manda huevos, como diría uno de sus ex-presidentes. El actual, Bono, lo propuso, pero sus malditos congresistas, que tanto faltan a su deber en ocasiones incluso importantes, a pesar de lo que cobran (manda huevos, de nuevo), fueron y defendieron con brío su postura "anticlerical". Es decir, que una persona puede hacer cosas bien, ser importante, y recibir una placa, como esas de tantas que hay por todos lados diciendo aquí nació fulanito o menganito. Pero no puede ser religioso. Al menos no católico, ya que seguro que si su confesión hubiera sido cualquiera otra, si se llamara Aixa, por ejemplo, seguro que la placa se pondría con todos sus honores porque somos los más tolerantes del mundo. Error. Somos gilipollas haciendo estas cosas.
En fin, yo le cedo mi sitio (donde sea) para ponerle una placa a una persona de bien. Y era monja.

Que manda huevos, y van 3.

Besos y besas. He dicho

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