jueves, 4 de octubre de 2007

Félix, agustino recoleto

Ocurre en la vida que, en ocasiones, cierta gente nos marca de alguna manera, para bien o para mal, y son cosas que siempre recordaremos.
Yo estudié desde parvulario en un colegio de curas, si, de curas, y hasta que acabé COU no salí de allí. Tuvo sus cosas buenas y otras no tan buenas. Pero uno de esos curas, que recuerdo con cariño, fué de esas personas que me marcaron. El padre Félix. Creo recordar que en un curso de EGB, sexto o séptimo, no me dio clase. Religión, por supuesto, y no lo volví a tener hasta que me enseñó la famosa declinación del rosa, (rosa, rosae, rosa, rosarum, rosis, rosas). Aún me acuerdo, je, y creo que no he fallado.
No quiero valorar si este hombre de Dios es mejor o peor, pero siempre recordaré de él, al menos, tres cosas que me enseñó en tres momentos de mi vida diferentes.

El primer recuerdo que guardo de él es de cuando tenía 5 o 6 años, 7 lo más, en una excursión con el cole que hicimos a la fuente del Hervidero (sitio típico al que todos los escolares granadinos han ido en varias ocasiones...) Parecerá algo tonto, pero recordar mi edad. Yo tenía una mochila de Puleva, azul oscuro con rayas blancas, e igual a la de otro compañero. Nos íbamos a andar, así que como eramos peques, pues las mochilas las dejábamos junto a un árbol que yo recuerdo inmenso. Y él me dio la solución para distinguirlas: deja la tuya aquí junto a la mía (una grande típica de excursionista) y así a la vuelta sabrás cual es. Que tontería, diréis, pero a mi corta edad me enseñó algo.

El segundo llega años mas tarde, pues entre tanto el padre Félix estuvo por el norte, y después en Motril, antes de regresar a Granada. Me daba clases de Latín en segundo de BUP, como dije antes, y aunque no recuerdo por qué, pero salió el tema de la poesía, y a él le gustaba leer poesía erótica. Casualmente, yo había encontrado en casa uno haciendo limpieza y se lo presté, lo cual agradeció mucho. Al devolvérmelo charlamos un rato sobre poesía, erótica o no, y aparte de leer parte de ese mismo libro, aprendí que el erotismo puede ser muy elegante, y sobretodo que las apariencias engañan y a las personas hay que juzgarlas por muchas cosas, hacer una valoración de todo, o directamente no juzgarlas si no sabemos lo necesario para ello.

Por último, recuerdo el acto de graduación de COU. Ya se acababa una larga etapa en mi vida: 13 años en Agustinos. El fue el presentador, pues siempre ha sido un gran orador, y nos iban llamando a los alumnos uno a uno. Para mí era un momento difícil porque mi familia no podía estar allí, pero al menos estaba con un buen amigo. El 'pater', como lo llamábamos -nunca he usado un mote despectivo para este buen hombre-, iba nombrando a cada uno y además decía algo breve sobre él. Este es un gran artista, el otro esto, lo otro, aquel hará nosequé... De algunos comentó su capacidad deportiva, y al llegar mi 'hora', pensaba que los tiros irían por ahí, pues desde los 8 años estuve jugando al balonmano y además llevaba 3 siendo entrenador en el colegio. Es decir, era evidente mi vinculación con el deporte. Sin embargo dijo otra cosa, algo que me dejo un poco raro, no se si decepcionado porque no sonaba tan bien como ser un gran deportista o porque no me lo esperaba.
Pero no era malo, y además era una verdad como un templo, una verdad que descubrí al meditar lo que dijo, una verdad que me demostró lo bien que este hombre me conocía, y me enseñó a valorar la importancia de ver más allá de la superficie de las personas.

Por eso, por marcarme en ciertos aspectos, lo recuerdo hoy al tirarme aquí en mi diván, y porque prefiero recordarlo ahora y no esperar, como mal solemos hacer, a que falte.
Y que cien años dure

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